Arranca tu mirada habitual y acómodate el nuevo zoom de manera que puedas ver y no mirar. Escarba en la barahúnda social y recoge su inmortalidad para concienciar a los espectadores pasivos.
Es fotoperiodismo.

Mostrando entradas con la etiqueta El mejor oficio del mundo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El mejor oficio del mundo. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de noviembre de 2008

El tour de Dolores



Dolores recorre el camí del Trencaor todos los días para llegar a su casita de campo en La Baia. Tiene setenta y seis años, cuatro hijos, seis nietos y una bicicleta rosada como sus pómulos a la intemperie. Se la compró su José hace veinte años, pero hace tres la sorprendió al ver que le había cambiado las ruedas y el sillín. Todos sus hijos tienen coche, y los nietos tienen un móvil, un emepetrés, un ordenador, y algunos de ellos tienen incluso una tele en su cuarto.





A Dolores le gusta pasearse con su bici, ir con ella a recoger tomates y, por supuesto, la necesita para bajar al pueblo a comprar. Sus hijos están empecinados en comprarle un móvil para usarlo en caso de emergencia, pues recorre algunos paisajes casi desiertos. Sin embargo, ella rehúsa de lo que los periodistas llamamos las “nuevas tecnologías”. Ella prefiere encender su transmisor, escuchar las noticias del día o ver algún programa de cante en la tele de la salita.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

La inocencia del periodismo


Los niños se asombran ante casi todo, mi cámara también. Dibujan lo que ven, pero lo dibujan como ellos lo perciben. Las fotografías son pequeños trozos de espejo que encajan en la realidad social que yo percibo. No significa que sea la única realidad. Es la que mi ojo óptico pretende expresar. Tratar de palpar la inocencia que queda en el periodismo es mi intención. No hablo de inocencia como objetividad, ni tampoco de inocencia como asepsia. Hablo de la inocencia de un niño. Imagina un periodismo de apenas un metro treinta, con un estuche de colores y los pantalones zurcidos de tantas roturas. Es el oficio que hay que recuperar, el que se sorprende como un niño, el que refleja lo que observa para cultivar conciencias. Es el periodismo que cuestiona los axiomas de fe y los esquemas mentales que las personas han formado en su cabeza. Necesitamos un zoom social para agrandar los detalles importantes que vemos de reojo. Asombrándonos desmontamos la realidad a la que nos hemos acostumbrado. Como un niño antes de dejar de serlo.