Dolores recorre el camí del Trencaor todos los días para llegar a su casita de campo en La Baia. Tiene setenta y seis años, cuatro hijos, seis nietos y una bicicleta rosada como sus pómulos a la intemperie. Se la compró su José hace veinte años, pero hace tres la sorprendió al ver que le había cambiado las ruedas y el sillín. Todos sus hijos tienen coche, y los nietos tienen un móvil, un emepetrés, un ordenador, y algunos de ellos tienen incluso una tele en su cuarto.
A Dolores le gusta pasearse con su bici, ir con ella a recoger tomates y, por supuesto, la necesita para bajar al pueblo a comprar. Sus hijos están empecinados en comprarle un móvil para usarlo en caso de emergencia, pues recorre algunos paisajes casi desiertos. Sin embargo, ella rehúsa de lo que los periodistas llamamos las “nuevas tecnologías”. Ella prefiere encender su transmisor, escuchar las noticias del día o ver algún programa de cante en la tele de la salita.
