Adelana rezaba y los pétalos caían de los balcones. Y los balcones estaban decorados con banderas españolas respaldadas por el sentimiento fervoroso de un tumulto en procesión. Nunca he entendido la devoción, y hoy era lo único que se respiraba en las calles del centro de Elche. La gente me sonreía. "Qué bonita es nuestra Virgen", "¡Viva la Mare de Dèu!". Y yo fotografiando esas lágrimas de emoción, esas manitas de niños saludando a los costaleros, los pétalos cayendo para rociar de color a la Virgen, y Adelana, la monja, rezando y sonriendo cada dos pasos. Sin darme cuenta, intentaba captar cada cara que reflejara sentimiento. Veía tantas sonrisas, tantas consignas, tantas velas, la banda tocando con pasión, las ricachonas con sus abrigos de visón, los labios apretados aguantando las lágrimas y cientos de ojos repletos de júbilo y brillo. Estuve tan cerca de la devoción que me paré a contemplar el paso de la Virgen. Un segundo, dos, tres, cuatro. Mis ojos no brillaban. Cinco, seis, siete, ocho. No sentía el deseo de rezar. Nueve, diez, once, doce. Estaba fotografiando caritas de niños.
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domingo, 7 de diciembre de 2008
miércoles, 19 de noviembre de 2008
Los chicos del bastón

Las partidas de dominó para los chicos del bastón es el mejor momento del día. Mariano, Vicente, Ramón y José son D’Artagnan y los tres mosqueteros, todo el día guerrilleando contra la soledad. El centro social del barrio Altabix está a doce golpecitos de bastón de su mejor pasatiempo, el trono donde descansan tras la dura jornada de lucha. Sus hijos e hijas, sus nietos y nietas están lejos, ocupados. Pero ellos, después de su carajillo de cognac barato, se arman de valor y se enfundan en el traje de guerra. Agarran la espada, para no tambalearse contra las bocanadas de aire del desánimo. Se mantienen, los unos a los otros, y si el equilibrio se hace imposible dan doce golpecitos de espada y descansan en el trono. Las palmeras paradisíacas les resguardan del miedo, todos juntos son invencibles. Se ríen y vitorean aliviados “¡todos para uno, y uno para todos!”
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El mundo sabio: los ancianos,
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domingo, 9 de noviembre de 2008
El tour de Dolores
Dolores recorre el camí del Trencaor todos los días para llegar a su casita de campo en La Baia. Tiene setenta y seis años, cuatro hijos, seis nietos y una bicicleta rosada como sus pómulos a la intemperie. Se la compró su José hace veinte años, pero hace tres la sorprendió al ver que le había cambiado las ruedas y el sillín. Todos sus hijos tienen coche, y los nietos tienen un móvil, un emepetrés, un ordenador, y algunos de ellos tienen incluso una tele en su cuarto.
A Dolores le gusta pasearse con su bici, ir con ella a recoger tomates y, por supuesto, la necesita para bajar al pueblo a comprar. Sus hijos están empecinados en comprarle un móvil para usarlo en caso de emergencia, pues recorre algunos paisajes casi desiertos. Sin embargo, ella rehúsa de lo que los periodistas llamamos las “nuevas tecnologías”. Ella prefiere encender su transmisor, escuchar las noticias del día o ver algún programa de cante en la tele de la salita.
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