Arranca tu mirada habitual y acómodate el nuevo zoom de manera que puedas ver y no mirar. Escarba en la barahúnda social y recoge su inmortalidad para concienciar a los espectadores pasivos.
Es fotoperiodismo.

jueves, 13 de noviembre de 2008

El hueco de los ausentes


La silla de Antonia tiene las ruedas oxidadas y chirrían. La abandonó poco a poco, mientras esperaba el resultado de las pruebas. Por esa época, sus niveles de azúcar empeoraron, pero ella seguía sentada en su sillita mascando algún que otro caramelo a escondidas. En la fila de sillas de plástico esperaban el resto de ausentes. La chica de las ojeras inusuales no sabía por qué tenía esos pinchazos en el pecho, y el chico de su derecha aún no tenía fecha para su operación de la rodilla. Manuel llevaba cuatro meses esperando a que le operaran para volver a colocar su intestino donde correspondía. Le habían prometido que antes de verano estaría operado y así podría disfrutar del viaje con su familia. Pero pasó el verano y seguía allí sentado, esperando, dándole algún caramelo a la mujer regordeta de la silla de ruedas. En la fila de atrás se asomaban unas cabezas como tortugas avistando la costa. Eran los niños ausentes, que estaban ansiosos por saber algo de aquella cosa en el pecho de mamá. Y esperaban, y seguían esperando, a saber si era bueno o malo.


Pero Manuel, Antonia, la chica de las ojeras inusuales y todos los cuerpos que allí esperaban no eran funcionarios. Ni tampoco periodistas. Aunque la sanidad en España esté entre las mejores —es una de las más sociales— tiene muchas deficiencias que los políticos no tratan en sus programas electorales. No conviene. Los hospitales y ambulatorios (centros médicos públicos en general) no tienen la suficiente capacidad para absorber la superpoblación y atenderla adecuadamente. Así aumentan las listas de espera. ¿La solución? Ofrecemos a los funcionarios (de rango A, B, C y D) la posibilidad de elegir entre ser atendidos en un centro público o uno privado (MUFACE). La mayoría, por supuesto, elige el privado. En la Asociación de la Prensa de Madrid ocurre algo similar. Todos los asociados tienen derecho a una sanidad privada. El problema, tanto para el primer caso como para el segundo, reside en que esa sanidad privada es posible gracias a ciertas medidas: fondo público, reducciones en el pago a la Seguridad Social o convenios con ésta. Todo ese dinero del fondo público es el hueco que ocupan los ausentes.

1 comentario:

David dijo...

Muy bueno Noe. Conozco a Manuel y le tomaron el pelo durante todo el verano como quisieron. Muy bien tratado este tema tan complejo.

Un besoo